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TOKIO – 23 y 24 de Marzo

Tokio, 23 de Marzo (1er día)

Tras dos días de navegación llegamos a otro de los destinos favoritos y por los que nos había interesado esta vuelta al mundo, Tokio.

Tokio es la capital de Japón y se encuentra en la costa este de la isla de Honshu, la más grande del país a orillas del océano Pacífico. Es el centro político, económico y cultural del país. Su área metropolitana es la más poblada del mundo, con más de 37 millones de habitantes, mientras que la ciudad en sí supera los 13 millones. Tokio destaca por combinar tradición y modernidad de una forma única. Se pueden visitar lugares históricos como el templo Sensō-ji en Asakusa, y al mismo tiempo recorrer zonas ultramodernas como Shibuya, famoso por su cruce peatonal, o Shinjuku, lleno de rascacielos y vida nocturna. También destaca Akihabara, conocido por la tecnología y la cultura anime.

La ciudad cuenta con uno de los sistemas de transporte más eficientes del mundo, lo que permite moverse fácilmente pese a su gran tamaño, aunque el idioma es un gran obstáculo para ello. Además, es famosa por su gastronomía, su limpieza, su seguridad y el respeto de sus habitantes. En resumen, Tokio es una megaciudad vibrante donde conviven historia, innovación y cultura, convirtiéndola en uno de los destinos más impresionantes del mundo.

Nos despertamos cuando ya estábamos entrando a la bahía donde se halla el puerto de Tokyo, dirigiéndonos a la zona de Odaba que es donde se encuentra la terminal internacional de cruceros donde fuimos recibidos por un grupo de tambores que nos dio la bienvenida

El día amaneció muy nublado y con amenaza de lluvia. Tras desayunar y coger ropa impermeable y de abrigo, ya que estábamos a 7 grados, bajamos a la terminal para pasar un control de seguridad, donde nos comprobaron la fotocopia del pasaporte que nos habían facilitado en Ishigaki. Tras salir de la terminal nos dirigimos hacia nuestro autocar para iniciar una excursión incluida en el crucero, con un recorrido por varios puntos de la ciudad.  Nuestro primer destino era el barrio de Asakusa y para llegar a él recorrimos algunos puntos de la ciudad comprobando que está atravesada por numerosos canales. 

Asakusa es una de las zonas más históricas y tradicionales de Tokio. Se caracteriza por conservar el ambiente del antiguo Japón, con calles llenas de tiendas tradicionales, farolillos y puestos de comida típica. Su principal atractivo es el templo Sensō-ji, el más antiguo y uno de los más importantes de la ciudad. Fundado en el 628 y dedicado a Kannon, la diosa de la misericordia. La puerta de entrada es la Puerta Kaminarimon, icónica puerta con un gran farol rojo gigante.

seguimos por la calle Nakamise que estaba llena de tiendas tradicionales y snacks y dulces japoneses, donde compramos algún recuerdo y nos hicimos una foto con unas jovenes japonesas vestidas tradicionalmente que son las de la foto de portada

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Llegamos finalmente a la zona principal del templo donde se distinguen un gran edificio con un salón principal donde la gente reza y hace ofrendas

Cerca de allí hay una zona ajardinada con una estatua de Buda en piedra.

. También hay una majestuosa pagoda de cinco pisos que es uno de los símbolos principales del templo.

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En medio de uno de los patios del templo vimos como los creyentes  se lavaban las manos y boca con unos cuencos de madera en una fuente y luego encendían incienso ya que creen que trae buena suerte

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Asakusa es un lugar ideal para conocer la cultura tradicional japonesa, vimos a bastantes personas vestidas de forma tradicional con kimonos y con un grupo de chicas nos hicimos una foto.  También pudimos por fin ver algunos cerezos en flor. A diferencia de otras zonas modernas de Tokio, este barrio ofrece una experiencia más tranquila y auténtica. En resumen, Asakusa es el corazón histórico de Tokio y un lugar imprescindible para entender su pasado y sus tradiciones.

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Desde allí nos dirigimos hacia los jardines de Hamarikyu, son uno de los parques más elegantes y tranquilos de Tokio, famosos por combinar naturaleza tradicional japonesa con el contraste de los rascacielos modernos de Shiodome que la rodean. 

Lo primero que el guía nos significó es un pino de más de 300 años de antigüedad.

Antiguamente eran un jardín feudal del período Edo perteneciente a la familia Tokugawa. Hoy es un parque público con diseño paisajístico clásico japonés. Tiene un estanque de agua salada, el estanque Shioiri cuyo nivel sube y baja con el mar que cambia con las mareas de la bahía de Tokio.

Tiene una  casa de té Nakajima-no-Ochaya, ubicada en una islita en medio del estanque. Con puentes y jardines muy cuidados. Paseamos por los jardines y las pasarelas y puentes sobre el estanque. 

Desde allí nos dirigimos al último punto de la visita, el Palacio Imperial, residencia oficial del emperador de Japón y uno de los lugares más importantes y simbólicos del país. Está ubicado en el centro de Tokio, rodeado de amplios jardines y fosos. Construido sobre el antiguo sitio del Castillo de Edo, residencia de los shōgun Tokugawa y que, tras la Restauración Meiji, el emperador se trasladó aquí desde Kioto. Fue reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial. La zona interior es restringida, pero hay varias áreas accesibles. Con la excursión fuimos al Puente Nijūbashi, el puente más famoso y el típico para las fotos.

Llegamos a él a través de una amplia plaza exterior que brinda un espacio con vistas al palacio, los fosos y las murallas. Hicimos unas fotos desde esta posición, el lugar donde la excursión finalizaba, pero decidimos quedarnos y no regresar al barco con 4 amigos más, y de esta forma aprovechar el día. 

El guía nos había indicado que estábamos de suerte porque esa semana era una de las dos únicas al año que se permitía a la gente entrar en la famosa calle de Chidorigafuchi, una zona del Palacio Imperial de Tokio. Durante la temporada de floración, cuyo inició coincidió con nuestra visita se abre al público un sendero especial a lo largo del foso. Hicimos cola para poder pasar 2 controles policiales y en el primero nos registraron las mochilas y a mí me hicieron beber agua de la botella que llevaba para comprobar su contenido. Paseando por la calle vimos algunas puertas de entrada y algunas dependencias del castillo, pero sobre todo nos fijamos en los cerezos (shakura) ya que algunos de ellos ya estaban en flor y rodeados de personas que intentar hacerse selfis. Fue un paseo precioso y que recordaremos durante mucho tiempo. Fue nuestra primera visión de uno de los referentes del Japón, sus cerezos en flor.

Desde allí decidimos ir a comer a un restaurante de Shinjuku que nos habían recomendado, pero éramos seis y nos tuvimos que dividir en dos grupos de tres. Y es en este punto donde empezamos a sentir ‘el síndrome de Lost in translation’ película de Bill Murray el cual tiene grandes dificultades para poder comunicarse por el idioma, tanto hablado como escrito. El primer grupo pudo tomar rápidamente un Uber que pedimos con la poca batería que nos quedaba en el móvil, pero a nosotros nos costó mucho tiempo conseguir un taxi ya que la aplicación de Uber nos daba error. Al llegar tan tarde al restaurante que se hallaba en la décima planta de un edificio comprobamos que el otro grupo no estaba y dedujimos que no lo debían de haber encontrado. Intentamos buscarlos por las calles cercanas y aquí es donde se produjo otro de los hechos increíbles que solo te puede pasar en una gran ciudad. En un callejón en medio de dicho barrio me encontré con varios de los componentes del grupo de animación del barco que estaban grabando una perfomance de un baile de Michel Jackson en medio del callejón, ante mi asombro pude reaccionar a tiempo y grabarlo.

La búsqueda de nuestros compañeros fue infructuosa y finalmente decidimos los tres comer sushi en un restaurante típico japones, cerca del restaurante inicial. Luego os explico que pasó con nuestros compañeros.

Una vez comidos volvimos a tomar un taxi para dirigirnos hasta la zona del conocidísimo cruce de Shibuya. Tardamos bastante en llegar ya que había mucho tráfico, era hora punta. En el camino pudimos comprobar la grandiosidad de esta ciudad con inmensas avenidas, altos edificios de cristal y numerosos grandes comercios o malls en todo el trayecto. El taxi nos dejó justo al lado del famoso cruce que en cuanto el semáforo se puso verde se vio invadido por una gran multitud, pero nos preguntamos si las personas que pasaban eran transeúntes japoneses o más bien turistas grabándose al cruzar tal como hicimos nosotros

Tras ver el panorama desde el suelo del famoso cruce, subimos a una cafetería en la segunda planta del edificio que alberga en su primera planta un Starbucks. En esa cafetería pagando al cambio unos doce euros te permitía comer dulces, pastas y snacks y beber desde café a refrescos, zumos o cerveza. Había una curiosa máquina que servía la cerveza en unas jarras especiales que se llenaban desde abajo como si fuera un tornado

. Además, podías sentarte frente a unos ventanales que dan justo encima del cruce. Estuvimos un rato bebiendo café y cerveza y comiendo algún snack y viendo el espectáculo de la gente desde arriba, tomando diferentes fotos, mientras iba oscureciendo y las luces de los neones iban encendiéndose frente a nosotros. Finalmente, la zona se iluminó y nos pareció algo similar a Times Square.

Cruzamos nuevamente la calle para dirigirnos hacia la famosa estatua del perro Hachikō que se hizo famoso por su increíble lealtad. Acompañaba a su dueño, el profesor Hidesaburō Ueno, a la estación cada día y lo esperaba allí cuando regresaba del trabajo. Cuando el profesor murió en 1925, Hachikō siguió esperándolo todos los días durante casi 10 años en el mismo lugar. La estatua esta frente a la estación de Shibuya. Se trata de un símbolo de Japón por su lealtad, fidelidad y amor incondicional.  Tras fotografiar la escultura nos dirigimos a uno de los almacenes Don Quijote, la cadena más famosa de Japón, que ya en si es un espectáculo por la cantidad de productos y de personas que hay comprando o mirando en su interior. Buscábamos unos productos de cosmética que no encontramos.

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Eran más de las 7 de la tarde y estabamos cansados por lo que decidimos regresar al barco cogiendo otro taxi justo frente a los almacenes. En el camino pudimos observar cerca de nosotros la Tokio Tower inaugurada en 1958 y con una altura de 333 metros, más alta que la Torre Eiffel original, en la que está inspirada.

Al llegar al barco nos encontramos con los tres compañeros perdidos que nos explicaron que, aunque ellos habían cogido el Uber 50 minutos antes que nosotros el taxi, los dejó a más de un kilómetro y medio de la dirección del restaurante y que tuvieron que entrar en varios establecimientos con wifi para averiguar cómo llegar, en el móvil y de paso llamarnos, pero nosotros en ningún momento tuvimos wifi y además no teníamos batería. Ellos llegaron al restaurante y preguntaron si habíamos pasado por allí y suponemos que por problemas de ’lost in traslation’ el encargado con el que nosotros habíamos hablado antes preguntándole por si habían llegado allí tres personas que nos esperaban y nos dijo que no, les dijo que no había venido nadie, o eso entendieron. Esperaron un rato y finalmente decidieron comer allí mismo. Después siguieron nuestra ruta, pero con 45 minutos de retraso sobre nuestros movimientos. Y así acabo nuestro primer día y nos fuimos a dormir agotados, pensando que nuevas aventuras nos depararía el día siguiente.

 

Tokio, 24 de Marzo (2º día)

Debíamos volver a levantarnos temprano ya que la excursión que habíamos contratado salía a las 8,40. Pero al salir a la terraza del camarote tuvimos una muy agradable sorpresa al comprobar que teníamos un día claro y con un radiante sol, lo que nos permitió observar en la lejanía la figura del Monte Fuji nevado, algo que es muy difícil, ya que siempre hay sobre Toquio una bruma que lo impide. Tras desayunar bajamos a la terminal teniendo que volver a enseñar la fotocopia sellada del pasaporte y tras ello nos dirigimos a nuestro autobús.

La primera visita era en una zona del extrarradio de Tokio, el barrio de Shibamata un encantador suburbio al este de la ciudad y a orillas del rio Edo. El trayecto era bastante largo y nos llevó un tiempo llegar a nuestro destino ya que era hora punta y había muchas retenciones. Desde el autobús pudimos contemplar el sky-line de la ciudad con la torre Skytree dominando el panorama

Shibamata es un barrio tradicional situado en el noreste de Tokio. Es famoso por conservar el ambiente del Japón antiguo, con calles, tiendas y costumbres que parecen detenidas en el tiempo.

El corazón del barrio es el Templo Taishakuten, un templo budista muy querido por los japoneses que destaca por sus impresionantes relieves de madera tallada y un jardín tradicional japonés muy tranquilo. Al llegar a Shibamata, aparcamos junto al rio Edogawa, donde había gente disfrutando de un paseo junto a él y de sus vistas tranquilas. En primer lugar, nos dirigimos a visitar el templo budista, también conocido formalmente como Daikyō-ji. Pero antes de visitarlo, ya que toda le gente de las excursiones se dirigieron hacia él, decidimos primero recorrer una calle comercial que empieza justo a la entrada del templo. Se trata de la calle denominada Taishakuten‑Sando. Esta calle es un típico shōtengai japonés (calle comercial tradicional) que va desde la estación de Shibamata hasta la puerta del templo, llena de tiendas de dulces, souvenirs y restaurantes tradicionales que le da un ambiente “retro” del Japón de antaño.

Vimos en la estación unas estatuas y nos indicaron que tenían relación con una saga de películas Otoko wa Tsurai yo, protagonizadas por Kiyoshi Atsumi. El personaje principal, Tora-san, es un símbolo local y suya es la estatua frente a la estación de Shibamata.

Compramos algunos recuerdos y ya si nos dirigimos hacia el interior del templo en el que había mucha menos gente. El templo fue fundado en 1629. Fue establecido durante el período Edo y dedicado a Taishakuten, una deidad budista protectora. Con el paso de los siglos, se convirtió en un punto de devoción local y en un símbolo de la vida tradicional de barrio en Tokio. El complejo fue restaurado en varias ocasiones, preservando su arquitectura de madera y su ambiente sereno.

Tras pagar 400 yenes entramos en el interior del templo y nos dirigimos a través de una galería de madera hasta un precioso jardín, que transmitía paz y sosiego. Tras visitar el jardín, entramos en el templo donde varias personas estaban orando frente a la diosa

Respetuosamente permanecimos en silencio y tras observar el templo salimos de él, para tomar varias fotos de sus patios externos, de una especie de campana y del grupo de amigos que fuimos juntos

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A la hora convenida regresamos al autocar paseando por un barrio de casas bajas y tradicionales.

Nuestro segundo destino era la torre Tokyo Skytree que íbamos a visitar y subir a su mirador.  La torre tiene una altura de 634 metros, siendo la más alta del mundo y la segunda estructura más alta construida por el ser humano, tras el Burj Khalifa de Dubái. Su construcción se inició en 2008 y se inauguró en 2012. Su función es ser una torre de radiodifusión y telecomunicaciones que sustituyó a la Tokyo Tower, la torre con forma de Torre Eiffel, construida en 1957.  Su diseño está inspirado en la estética tradicional japonesa con una base triangular que se vuelve circular al subir. Tiene un sistema antisísmico avanzado. En su base hay un centro comercial con cientos de tiendas y restaurantes. Una curiosidad es que la altura se eligió porqué esos números se pueden leer como Mu-sa-shi” que es el antiguo nombre de la región donde está Tokio.  Tras subir en ascensor hasta la cuarta planta nos dirigimos a uno de los ascensores que suben hasta los 350 metros en pocos segundos donde se halla la plataforma Tembo Deck.

Desde esa altura contemplamos las vistas y nos dirigimos hasta otro ascensor que tenía un techo de cristal que permitía ver el ascenso y que nos subió a una altura de 445 metros y desde allí subimos a través de un pasillo que ascendía en espiral hasta la Temblo Galeria a 450 metros.  Allí hicimos nuevas fotos y contemplamos la magnificencia de esta inmensa a ciudad.

Tuvimos que hacer el camino inverso para descender, tomando primero el ascensor hasta los 340 metros que tenía el techo transparente y se podía ver el descenso desde el interior. Y desde allí el otro que nos dejó en la 4 planta del complejo.

En la salida hay una tienda de souvenirs donde intenté comprar dos camisetas y pagarlas con tax free, pero me volví a encontrar con el síndrome de ‘lost in translation’ Primero al no llevar el pasaporte original sino la fotocopia con la correspondiente autorización del gobierno japonés, el chico de la caja no sabía cómo hacerlo y llamó a una encargada que tras 5 minutos de intentar entrar los datos al sistema que le daba algún error. Yo les preguntaba que ocurría y solo me decían ‘sorry’. En ese momento le dije a Inma que se fuese a las plantas de abajo donde había un centro comercial para poder buscar una tienda donde encontrar un par de encargos que tenía y que quedábamos en el autobús a la hora convenida. Mientras, la encargada llamó a otra y ya tenía frente a mí a tres personas mirando una pantalla. Les volví a decir si los podía ayudar y me pareció entender que el sistema no les detectaba el termino ESP ni SPA de mi nacionalidad. Finalmente, tras más de 20 minutos y varios intentos míos de decirles que se olvidaran del Tax free, siempre respondido con un ‘sorry’, llamaron por teléfono y alguien al otro lado les indicó como lo tenían n que hacer y por fin pude pagar mis camisetas con el descuento de los impuestos, ósea 12 euros. Al salir de la tienda me dirigí hacia las plantas inferiores y por casualidad en aquel marasmo de tiendas pude encontrar a Inma y a los amigos que venían con nosotros en la excursión. Salimos al exterior un momento para fotografiar la torre desde sus pies. 

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Nos dirigimos todos juntos hacia el parquing de la torre para autocares donde debíamos encontrar el nuestro.

 A la hora convenida estábamos todos en nuestros sitios y salimos de regreso hacia el barco en un trayecto de unos 45 minutos. Queríamos ir a visitar la zona de Odaiba, pero el tráfico hizo que nos demorásemos mucho y que nuestra visita tuviese que ser olvidada por el riesgo de no llegar a tiempo a la hora de salida del barco que en esa oportunidad era a las 5 de la tarde, aunque pudimos hacer una foto de la Estatua de las Libertad que hay en la zona.

Fuimos al camarote a dejar nuestras mochilas y bolsas y subimos a popa a poder contemplar la salida del barco a través de la bahía de Tokyo, acompañados de un viento helado lo que nos hizo decidir a los pocos minutos regresar al camarote para verlo desde nuestro balcón. En este caso vimos muy cerca de nosotros el aeropuerto de Haneda y como los aviones aterrizaban y despegaban constantemente.

Finalizamos de esta forma nuestra estancia en Tokyo, una ciudad interesantísima y que recomendamos, aunque con algunos problemas de comunicación como habéis leído. La estancia ha sido muy corta y nos ha reafirmado en la idea de que Tokio y Japón se merecen una visita más extensa para conocer los numerosos lugares excepcionales que es imposible visitar en 2 días. Además, hemos aprendido tres cosas fundamentales para futuros viajes, el tener una tarjeta Esim virtual del país a visitar para poder tener internet y WhatsApp, tener una batería para poder cargar el móvil y tener descargada la aplicación de Uber o de la empresa de taxis del país que en este caso era Uber. 

Ahora nos dirigimos hacia nuestra ultima etapa en tierras niponas, Nagasaki, que todo el mundo conoce por ser la segunda ciudad que fue asolada por una bomba atómica. Se halla a 708 millas náuticas.

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