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GENOVA – MILAN – 16 DE MAYO DE 2026

Genova- Milán  

Nuestra tercera escala era en la ciudad de Genova, que ya conocíamos por lo que habíamos decidido hacer la locura de ir a visitar la ciudad de Milán que ninguno de los dos conocíamos. Digo locura porque la excursión era de 7 horas de las cuales 4 las gastábamos en el viaje de ida y vuelta. Milán se halla a 161 km de Génova.

Nos levantamos temprano ya que la excursión salía a las 8,30 y vimos la llegada al puerto de Génova

El autocar no era para nada cómodo lo que hizo el viaje bastante pasado. La guía nos dio la bienvenida en español, pero nos indicó que la excursión está programada en ingles ya que viajamos personas de diferentes nacionalidades. Tras dos horas atravesando primero la zona montañosa de los Apeninos Ligures y después la llanura Padana o valle del Po, llegamos a los barrios periféricos de Milán. Nos dirigimos hacia el lugar donde el autobús nos iba a dejar, e allí fuimos recibidos por una guía local que nos iba acompañar en el principio del recorrido. La visita se iniciaba justo al lado de la imponente Fortaleza Sforzesca, uno de los símbolos de la ciudad.

Este gran castillo renacentista, construido por la familia Sforza en el siglo XV, destaca por sus murallas de ladrillo rojizo, sus torres y amplios patios interiores. Antiguamente fue residencia ducal y fortaleza defensiva, y hoy alberga varios museos y colecciones de arte.

Frente a él se extiende el gran parque Sempione, uno de los pulmones verdes de Milán. Desde el castillo, el paseo nos condujo hacia la Plaza Garibaldi, una zona moderna y dinámica donde se mezclan edificios históricos con rascacielos contemporáneos y una gran fuente

La plaza rinde homenaje a Giuseppe Garibaldi, héroe de la unificación italiana, cuya estatua preside el lugar. Es un punto que refleja el contraste entre el Milán clásico y el más moderno y financiero

Continuando el recorrido apareció la elegante Calle Dante, una amplia avenida peatonal llena de tiendas, cafeterías y restaurantes. Sus edificios de estilo decimonónico y el constante ambiente urbano la convierten en una de las calles más animadas de la ciudad. A medida que avanzábamos, empezaron a aparecer las primeras vistas de las agujas del Duomo.

El paseo desemboca finalmente en la espectacular Plaza del Duomo, verdadero corazón de Milán. La amplitud de la plaza ocupada siempre por visitantes, palomas y músicos callejeros. Lo que realmente nos impresionó es la imagen de la Catedral de Milán, una de las iglesias góticas más grandes del mundo. El Duomo es la gran joya de la ciudad. Su fachada de mármol blanco, las innumerables agujas y estatuas y la famosa Madonnina dorada que corona el edificio, forman una imagen inconfundible. El interior no lo pudimos visitar debido a la gran cola que había para entrar y el poco tiempo que teníamos. Se trata de un templo solemne y grandioso en el que destaca sus enormes columnas, vitrales y la atmósfera de silencio que contrasta con el bullicio exterior.

Junto a la catedral se abre la elegante Galería Víctor Manuel II, uno de los pasajes comerciales más bellos de Europa. Cubierta por una espectacular bóveda de hierro y cristal, la galería alberga históricas cafeterías, restaurantes y tiendas de lujo. El suelo de mosaicos y la luminosidad del espacio crean un ambiente refinado y muy milanés.

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Atravesando la galería llegamos a la Plaza de la Scala, más tranquila y elegante. Allí se encuentra el famoso Teatro de la Scala, uno de los teatros de ópera más prestigiosos del mundo. Intentamos comprar entradas para visitar su interior, pero las primeras disponibles eran para después de nuestra salida de Milán.

Frente al teatro se alza la estatua de Leonardo da Vinci rodeado de algunos de sus discípulos, recordando la profunda relación entre Milán y el genio renacentista.

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Nos dirigimos nuevamente hacia el Duomo para ver el ábside en la parte posterior de la catedral. Una vez hechas algunas fotos nos dirigimos de vuelta a nuestro punto de encuentro, pero antes siguiendo la recomendación de la guía para comer alguna cosa en el mínimo tiempo posible, nos dirigimos a un local en la calle Dante donde vendían pizza al corte. Tras 10 minutos de cola logramos comprar pizzas de un par de gustos y nos sentamos en una mesa en el exterior viendo  pasar a personas de todo tipo, desde mochileros y turistas hasta elegante gente milanesa, que se distinguía a la legua.

A la hora convenida llegamos al lugar de reunión y junto con los demás compañeros de viaje nos fuimos a tomar el autobús que, tras dos nuevas horas de recorrido, en el que intentamos dormir un poco nos dejó nuevamente a punto de embarcar y pudimos ver la salida de Génova desde el camarote.

Ha sido una visita muy interesante, aunque un poco estresante al ir contrarreloj, pero hemos llegado a ver lo mejor de Milán y nos ha gustado bastante.  

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