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CIVITAVECCHIA – ROMA 14 DE MAYO DE 2026

Civitavecchia – Roma

Llegamos a Civitavecchia tras 5 días de navegación. Se trataba de la primera escala de las 4 que íbamos a realizar en el Mediterráneo antes de llegar a Barcelona y la primera donde algunos pasajeros del Crucero de la  Vuelta al Mundo dejaban el barco, al finalizar su viaje. En esta oportunidad habíamos contratado con el barco un traslado a Roma junto con un pase al Hop on Off que recorre la ciudad.

Tras desayunar bajamos al muelle junto a nuestros amigos Antonio y Puri y nos dirigimos hacía el autocar que nos iba a llevar a Roma. Tras un trayecto de un poco más de una hora, el autocar nos dejó frente al Circo Massimo de Roma, justo al lado de una de las paradas del autobús rojo del Hop

Tras hacer algunas fotos del Circo Massimo, que fue el mayor estadio de la Antigua Roma, destinado principalmente a las carreras de cuadrigas y grandes espectáculos públicos y que estaba situado entre las colinas del Palatino y el Aventino y llegó a albergar a más de 150.000 espectadores, subimos al autobús rojo. Pasamos junto al templo de Hércules Víctor, es uno de los templos romanos mejor conservados y está junto al antiguo Foro Boario, cerca del río Tíber. Fue construido hacia el siglo II a. C. y está dedicado a Hércules, protector de comerciantes y ganaderos. Es un templo circular, algo poco habitual en la arquitectura romana. Tiene 20 columnas corintias de mármol griego que todavía se conservan casi completas. Durante siglos se transformó en iglesia cristiana, lo que ayudó a preservarlo.

También pasamos junto a la plaza Venezia, una de las plazas más importantes y transitadas de Roma. Es el gran cruce entre la Roma antigua y la moderna, y desde allí empieza la famosa Via dei Fori Imperiali hacia el Coliseo. Contemplamos el enorme monumento blanco del Altare della Patria o Monumento a Víctor Manuel II, dedicado al primer rey de la Italia unificada. Los romanos lo llaman a veces “la tarta nupcial” o “la máquina de escribir” por su forma.

Seguimos nuestro camino hasta descender del bus en una parada junto al Tiber y frente al Castillo de Sant Angelo.

Llegamos al castillo  atravesando el puente de Los Ángeles

Seguimos por La Via della Conciliazione, la gran avenida que une Castel Sant’Angelo con la Basílica de San Pedro. La avenida se construyó tras los Pactos de Letrán de 1929, que reconciliaron oficialmente al Estado italiano y al Vaticano, después de décadas de conflicto. Es una avenida ancha y monumental, de unos 500 metros de longitud, que ofrece una de las vistas más famosas de la cúpula de San Pedro.

. Tras visitar la plaza de San Pedro haciéndonos unas fotos con nuestros amigos de Pamplona, Valeriano y Victoria y nuestros amigos de Valencia, Antonio y Puri y siendo totalmente imposible la entrada en el templo debido a la gran cola existente decidimos dirigirnos de nuevo a la otra parte del Tiber

Atravesamos el puente de Víctor Manuel II, dándole un último vistazo al castillo de Sant Angelo

Tras dejar atrás el Tíber, el camino se adentra poco a poco en el corazón más romántico de la ciudad. Las calles se vuelven estrechas y llenas de encanto, con fachadas ocres, balcones repletos de flores y pequeñas plazas escondidas. A cada paso aparecían cafeterías, trattorias y bares con terrazas animadas donde se mezclan turistas y romanos. El aroma a café recién hecho, pizza y pasta sale de los restaurantes mientras músicos callejeros ponían banda sonora al paseo. Caminar por estas callejuelas adoquinadas, permite descubrir la verdadera atmósfera de Roma: una ciudad viva, elegante y llena de historia en cada rincón. Finalmente, el recorrido desembocó en la espectacular Plaza Navona, una de las más bellas de Italia, con sus fuentes barrocas, artistas y ambiente siempre lleno de vida, aunque más de la mitad de los edificios y fuentes estaban en obras de restauración

Desde allí nos dirigimos hacia la plaza del Panteón donde volvimos a admirar uno de los monumentos mejor conservados de la Antigua Roma y una auténtica maravilla arquitectónica. Su nombre significa “templo de todos los dioses”. Destaca la enorme cúpula de hormigón, considerada una obra maestra de ingeniería. El óculo central abierto al cielo, de casi 9 metros de diámetro. Cuando llueve, el agua entra por el óculo, pero el suelo tiene un sistema de drenaje oculto. Desde el siglo VII es iglesia cristiana, lo que ayudó a conservarlo.

Una vez finalizada la comida nos dirigimos nuevamente a la parada del bus frente a Sant Angelo para regresar a la zona del Circo Massimo pasando por la otra parte de la ciudad que no habíamos visitado. Pasamos por la Plaza del Popolo, cerca de las escaleras de la Plaza España, la estación Termini, y rodeamos el Coliseum, pasando junto al Arco de Constantino, para llegar finalmente de nuevo al Circo Massimo para tomar el autobús que nos llevaría de vuelta a Civitavecchia y al crucero.

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