Tras una noche de navegación nos despertamos a las 7 y comprobamos que ya estamos llegando al puerto de Ishigaki, nuestra primera escala en tierras japonesas, unas islas que eran totalmente desconocidas por nosotros con anterioridad a este viaje.
La isla está situada en el suroeste de Japón, en la prefectura de Okinawa, dentro del archipiélago de las islas Yaeyama, y muy cerca de Taiwán. Tiene una extensión de unos 222 km². Está rodeada por arrecifes de coral, y sus playas son de arena blanca y aguas turquesas, teniendo una importante biodiversidad marina con numerosos corales y mantarrayas. Tiene un clima tropical húmedo con temperaturas suaves todo el año y lluvias abundantes, sobre todo en verano. Se halla a unos 410 km al suroeste de Okinawa la isla principal del archipiélago.
En la isla se han encontrado restos humanos de unos 27.000 años de antiguedad, de los más antiguos de Japón indicando una ocupación muy temprana en las islas del sur japonés. Su cultura vino influida por el sudeste asiático y Taiwán, y es diferente a la japonesa. Mas tarde formó parte del Reino de Ryukyu hasta siglo XIX, un estado independiente con fuertes relaciones comerciales con China y el sudeste asiático. En el siglo XIX durante la era Meiji, Japón incorpora el Reino de Ryukyu. En 1908 se crea la entidad administrativa moderna (entonces llamada Yaeyama). Tras la Segunda Guerra Mundial, Okinawa incluido Ishigaki estuvo bajo administración estadounidense hasta 1972. Es el centro político y económico de las islas Yaeyama. Produce piña, caña de azúcar y carne de ternera que es muy famosa. La isla tiene un gran activo ya que desde ella se pueden observar muchas constelaciones gracias a la baja contaminación lumínica.
Tras desayunar y hacer algunas fotos del puerto desde el barco, descendimos a la terminal donde pasamos un control de pasaportes en el que nos ponen un permiso de estancia adherido a una fotocopia de nuestro pasaporte que tendremos que presentar en todas las escalas en Japón, demorando el trámite unos 15 minutos. Nos dirigimos hacia nuestro autocar donde se nos presentó nuestra guía, Matzuko, vestida estrafalariamente y con un asistente que le acompaña, un muñeco de la pantera rosa. La guía nos hizo la excursión muy divertida ya que era muy exagerada en sus expresiones y en su forma de hablar, el viaje fue una constante sonrisa cuando no carcajada.
En primer lugar nos dirigimos al jardín de los shisas, un espacio artístico al aire libre lleno de enormes estatuas de shisa, criaturas tradicionales de Okinawa (mezcla de león y perro) que protegen contra los malos espíritus. Es uno de los lugares más curiosos y fotogénicos de la isla. Son figuras gigantes de colores rojos, amarillos, azules etc. de un estilo divertido, casi caricaturesco, muy diferente a los shisa tradicionales
Son parejas, uno con la boca abierta que es el macho y otro con la boca cerrada que es la hembra. No es un templo ni un sitio histórico, sino una creación artística moderna, lo que lo hace diferente del resto de lugares de Ishigaki. Se encuentran en un jardín con un gran número de ellos y con estanques y flores y vistas a unas frondosas montañas. En una tienda anexa compramos dos shisas tradicionales de cerámica.
Desde allí nos dirigimos hacia la Bahia de Kabira a través de una carretera que atraviesa campos de caña de azúcar, maíz y arrozales.
La bahía es famosa por su agua de colores increíbles: tonos turquesa, esmeralda y azul intenso. Hay pequeñas islas cubiertas de vegetación dentro de la bahía y se considera uno de los paisajes más bonitos de Japón, aunque no se puede nadar ya que el baño está prohibido debido a que existen corrientes peligrosas, además de la protección del ecosistema de corales azules de la zona. Solo se puede pasear con un barco de fondo de cristal. También es un lugar de paso de las mantas raya.
Caminamos por la playa y tomamos fotos con el contraste entre el azul de sus aguas y el verde de los montes que la rodean, aunque el día era nublado y no nos permitió hacer unas fotos con los colores que nos mostraría un día soleado.
Desde allí nos dirigimos por el centro de la isla que es bastante montañosa hacia el mirador Esmeralda Sea, uno de los mejores puntos panorámicos de Ishigaki con vistas impresionantes del mar de color esmeralda con una vista de la costa norte de la isla y pequeñas islas cercanas en un entorno natural muy tranquilo, rodeado de vegetación, lo que da un contraste entre el verde de la isla y el azul del océano.
Se halla justo encima del puerto de Ishigaki donde podemos ver nuestro barco. También se pueden ver las vecinas islas de Taketomi y Iriomote.
Volvimos a dirigirnos hacia el norte de la isla para ir a otro mirador, en este caso uno de los miradores más bonitos de Ishigaki Island. Se trata de la plataforma de observación Tamatorizaki con vistas al cabo Tamatori, la bahía de Ibaruma y la península de Hirakubo.
Tiene unas vistas espectaculares del mar color turquesa y la costa y está rodeado de vegetación tropical con numerosas flores, aunque durante todo el día el tiempo estuvo nublado y no pudimos captar con toda su intensidad el mar que nos rodeaba.
Tras deleitarnos con la vista regresamos al autobús que a través de una carretera por la costa, volvió al puerto que nos dejó frente a la terminal donde volvimos a pasar un control de pasaportes.
Como era muy tarde tuvimos que comer en el buffet y nos fuimos a descansar, viendo la salida del barco desde la popa.
Ha sido nuestra primera visita a tierras japonesas, pero solo ha sido una visita panorámica para contemplar bellos paisajes, sin interactuar mucho con la población. Ahora nos dirigimos hacia la isla más importante del archipiélago, Okinawa y en concreto a su capital la ciudad de Naha que se halla a unas 225 millas.