Wellington – Nueva Zelanda
Tras un día de navegación, llegamos a nuestro siguiente destino en Nueva Zelanda, Wellington su capital. Al igual que Auckland, es una ciudad que ya habíamos visitado en 2023. Está ubicada en el extremo sur de la Isla Norte y es conocida por su puerto natural, su ambiente cultural y sus fuertes vientos. La ciudad es el centro político del país, donde se encuentran el Parlamento y muchas instituciones gubernamentales. La población de Wellington es de aproximadamente 215,000 habitantes en la ciudad. Si se considera toda el área metropolitana de Wellington, la población es de alrededor de 540,000 personas, lo que la convierte en la segunda área urbana más grande de New Zealand, después de Auckland.
Nuestra idea era la de visitar los lugares que la anterior vez no pudimos, ya que se trató de una visita de un día como ocurre en esta oportunidad y para ello íbamos a visitarla por nuestra cuenta.
Debido a que el barco la noche anterior tuvo que modificar el rumbo dirigiéndose hacia las cercanías de Napier para poder hacer una evacuación por emergencia médica, mediante un helicóptero, nuestra llegada a Wellington se produjo con una hora de retardo, sobre las 9 de la mañana, con un tiempo nublado que amenazaba lluvia. Tras desayunar y en cuanto se nos permitió bajar, dejamos el barco para dirigirnos en el mismo muelle a unos autobuses lanzaderas que la autoridad portuaria había puesto a disposición de los pasajeros del barco. Dichos buses nos dejaron justo frente al Parlamento de Wellington, lugar que ya habíamos visitado la vez anterior.
Caminando a través de la calle Lambton, que es la principal calle comercial de la ciudad, nos dirigimos hacia nuestro primer objetivo, que era subir en el Wellington Cable Car.
Se trata un funicular muy famoso inaugurado en 1902. Conecta Lambton Quay en el centro de la ciudad con el barrio residencial de Kelburn. Recorre unos 600 m, con 4 paradas y sube aproximadamente 120 m de altura, durando el viaje alrededor de 5 minutos y siendo uno de los símbolos turísticos de la ciudad,
Junto a la parada final se halla el Wellington Cable Car Museum.
Desde sus miradores hay unas vistas espectaculares y se inician una serie de senderos a través de un bosque que llevan al Jardín Botánico que ya habíamos visitado en el viaje anterior
Tras dar una vuelta por la zona donde también descubrimos un antiguo observatorio astronómico, y junto a él un curioso reloj de sol que es una obra de arte que tiene por título ‘Reloj de Sol de la participación humana’, nos dirigimos a tomar el funicular d vuelta a la ciudad.
Nos dirigimos por el centro de la ciudad hacia el Waterfront, paseo marítimo, donde se encuentra nuestro próximo destino el museo Te Papa.
El Te Papa Tongarewa es el museo nacional de New Zealand y fue inaugurado en 1998 para reunir en un solo lugar las colecciones nacionales de arte, historia, cultura maorí y ciencias naturales. Su nombre en maorí, Te Papa Tongarewa, significa aproximadamente “el lugar de los tesoros de esta tierra”. El edificio fue diseñado para representar la relación entre la cultura y la naturaleza de Nueva Zelanda. Tiene una arquitectura moderna y resistente a terremotos, algo importante en Wellington. El diseño incorpora elementos simbólicos de la cultura maorí y utiliza grandes espacios abiertos y varias plantas para exposiciones.
Vimos unas exposiciones muy interesantes. La primera que visitamos fue una dedicada a la batalla de Gallipoli durante la I guerra mundial donde los neozelandeses sufrieron cerca de 3000 muertos, La exposición se llamaba `Gallipoli: The Scale of Our War` y cuenta la historia de los soldados de New Zealand y Australia que lucharon en Gallípoli en 1915. Explica las experiencias reales de soldados, médicos y familias durante la campaña. Utiliza figuras gigantes hiperrealistas (2,4 veces el tamaño real) para representar a personas que participaron en la batalla. Las esculturas fueron creadas por la empresa de efectos especiales Wētā Workshop. Tiene cartas, objetos personales y testimonios reales de la guerra, así como esquemas de las diferentes batallas que se libraron y la situación de las tropas de ambos bandos. Fue una exposición que nos emocionó mucho.
Desde allí a una sala dedicada a la naturaleza en la que pudimos ver reproducciones de numerosos animales y entre ellas la de un moa, una gran ave que no podía volar y podía medir hasta 3.6 metros de altura con el cuello estirado y pesar aproximadamente de 200 a 250 kg de peso que vivió en Nueva Zelanda durante miles de años. Era herbívoro y se extinguió hace unos 600 años, poco después de la llegada de los maoríes, principalmente por la caza humana y la pérdida de hábitat y cuya foto ya pusimos en Auckland.
En la zona de exposiciones interactivas sobre terremotos y volcanes hay una estructura en forma de pequeña casa que es una exhibición que simula un terremoto real dentro de una casa.
. El suelo y las paredes se mueven y vibran para que los visitantes sientan cómo se experimenta un terremoto. Forma parte de la exposición sobre las fuerzas naturales de New Zealand, un país con mucha actividad sísmica. La experiencia enseña qué hacer durante un terremoto, por ejemplo “agacharse, cubrirse y sujetarse’.
Junto a la casa encontramos una de las figuras del museo verdadero calamar gigante. Fue capturado en 2007 en el océano Antártico por un barco pesquero de New Zealand. Pesaba aproximadamente 495 kg y medía 4,2 metros de largo lo que lo convierte en uno de los calamares colosales más grandes jamás encontrados, teniendo en cuenta que se trataba de un calamar adolescente. Tenía unos ojos de unos 27 cm de diámetro, los más grandes del reino animal. Estos animales viven normalmente a grandes profundidades, por lo que es muy difícil de estudiar. Está conservado en un gran tanque especial para que los visitantes puedan verlo completo, formando parte de una exposición sobre la vida marina de las profundidades.
Otra sala está dedicada a exhibiciones sobre la cultura maorí y del Pacífico. Allí pudimos observar grandes canoas de celebración, así como las casas de asambleas maorís, los maraes y otras edificaciones.
Tras más de 2 horas de visita al museo nos dirigimos hacia la zona más conocida de Wellington, Cuba Street, una de las calles más famosas y animadas de la ciudad. Es una zona peatonal muy popular en el centro de la ciudad. Es conocida por su ambiente artístico, cultural y alternativo. Tiene muchos cafés, restaurantes, bares, tiendas y música callejera. En la calle se encuentra la famosa Bucket Fountain, una fuente colorida que es un símbolo del lugar. La recorrimos en toda su extensión parándonos a picar algo en una pizzeria.
Seguimos a continuación visitando los principales lugares de la ciudad como es la zona de la Biblioteca Pública, una zona muy atractiva pero que está en obras.
Poco a poco regresamos hacia el autobús, no sin antes pararnos a hacer compras en unas tiendas de ropa. Al llegar al punto de recogida subimos al primer autobús y volvimos al barco, donde subimos al camarote para descansar antes de ir a cenar y ver la salida del barco que zarpó a las siete de la tarde dejando atrás este magnífico país que es una pena que este en nuestras antípodas, pues es un lugar para visitar frecuentemente.
Nos dirigimos hacía nuestro próximo destino la ciudad australiana de Sídney que se halla a tres días de navegación y 1250 millas náuticas.
Las lucecitas de dentro de los túneles son una pasada y el museo parece muy interesante